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a paz, ella vive aquí.


En Caraíva, tranquila villa de pescadores a 70 km de Porto Seguro, dá la impresión que el tiempo paró para dejar reinar la naturaleza, que todavía está conservada totalmente.Ya en la llegada, un paisaje deslumbrante, el río de un lado, la villa en el medio y al fondo un grande azul de mar, enmarcados por los cocoteros.

La dificultad de acceso, con algunos kilómetros de camino de tierra, favorecen la conservación de la villa, con su estilo rústico y al mismo tiempo sofisticado.Muchas personas cambiaron las comodidades de las grandes ciudades por un pedazo de este paraíso, donde los grandes espectáculos son ofrecidos por la naturaleza, a cada salida de luna, a cada puesta de sol, en cada cantar de pájaros o con el sonido del viento.

El rio Caraíva es el alma del pueblo y la vida de los pobladores transita en función de él.Tanto es, que hasta la década de 80, la ocupación del poblado era apenas en las márgenes.Es a travez de él que se llega a la antigua villa de pescadores por medio de canoas.Después del turismo, la pesca es la principal actividad de la economía local, seguida de cerca por las artesanías en madera y coco, producidos en su mayoría por los indios Pataxós de la reserva indígena de Barra Velha.Las playas revelan bellezas inimaginables, con sus arenas salpicadas de conchas de mar, buzios y corales.Algunos restaurantes en la playa garanten una cerveza helada, agua de coco o una buena comida, que puede ser de la tradicional cultura bahiana y sus sabores exclusivos, hasta saludables platos vegetarianos o cocina internacional.

Para quien desea calma y tranquilidad, Caraíva es el lugar indicado.Pescadores lanzando las redes, burros cargando sus cargas sin apuros, mujeres lavando ropa en el río son escenas típicas de este lugar, donde parece que el tiempo paró.

Una buena opción de paseo, es caminar por la playa en dirección al sur, subir a un barco de pescadores o una carroza y visitar la aldea indígena de Barra Velha, a los pies del monte Pascoal, marco histórico del descubrimiento del Brasil.En la aldea es posible comprar artesanias e souvenirs y conocer de cerca las culturas indígenas Pataxós.

Autos, ómnibus y camiones no entran en las callecitas de arena, llenas de árboles fructíferas dando un realce a la parte ancestral del pueblo.Niños corren jugando por todos lados, despreocupados. Para huír del sol que brilla intenso el año entero, los pobladores conversan bajo los árboles frondosos y centenários.

Más no sólo de naturaleza viven los turistas de Caraíva.Mismo sin luz eléctrica, posadas y restaurants tienen generadores que garantizan el confort de los visitantes, con derecho a danzar forró todas las noches de domingo a domingo.